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sábado, octubre 23, 2021
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    El Patrimonio Gallero de México

    Uno de los juegos más tradicionales de la humanidad mantiene un significado especial en nuestro país.

    Por Felipe Wiedmer

    Es innato al ser humano el sentido de supervivencia y la inagotable curiosidad. Desde que Darwin publicó su teoría de la evolución es una constante el lema de la supervivencia del más apto. Así pues, un espíritu competitivo en  que hombres y mujeres buscan determinarse como el o la más fuerte, inteligente. 

    Esto es propio de nuestra naturaleza animal, ya que en el reino animal podemos ver un espejo de nuestros instintos básicos. Una cadena alimenticia provoca que los animales se vayan adaptando en busca de escapar de su presa astutamente.

    Las peleas de gallos son una muestra de nuestra curiosidad e insaciable búsqueda por coronar campeones. Que no sea una actividad propia de nuestro país muestra que sin importar donde estemos todos compartimos características similares.

    Se originaron en India y China hace mas de dos mil quinientos años y de ahí se abrieron paso por Roma para llegar a toda Europa. Los colonizadores traerían esta costumbre a los territorios conquistados en América e islas del pacífico.

    En México los españoles introdujeron las peleas de gallos y hasta la actualidad se mantienen como una tradición que se niega a morir pese a distintas protestas por parte de grupos ambientalistas, alegando maltrato animal. Sin embargo, algunos estados como Veracruz o Ciudad de México han prohibido la práctica mientras que en Michoacán, Aguascalientes, Jalisco y Sinaloa sigue siendo parte de festejos populares.

    En Julio del 2020 Ferbonio Rodríguez Villegas, alcalde de Tianguistengo Hidalgo declaró las peleas de gallos como “bien inmaterial cultural” del municipio argumentando que crea identidad y estrecha las relaciones con pueblos vecinos. En El gallo de oro, un cuento de Juan Rulfo, el pregonero Dionisio Pinzón lo pierde todo excepto por un gallo moribundo el cual lo saca de la pobreza gracias a sus victorias ante otros gallos.

    Si bien, las peleas de gallos siguen dando de que hablar hasta la fecha, lo cierto es que a través de ellas podemos comprendernos un poco a nosotros.

    A final de cuentas, por algo surgió esta pasión, ¿no? ¿Qué será? ¿Una simple fijación por los gallos peleando o nuestra obsesión con la supervivencia manifestada en un juego de apuesta?

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